Blog de Preptor

18 octubre 2010

De promesas truncadas, quien evita la tentación no solo evita el peligro…

Archivado en: Como un reflejo de mi mismo... — preptor @ 16:25

Como cada 31 de Diciembre, se acercaba el momento cumbre del año. La cena con todos sus preparativos, las prisas el ir y venir. La especia que falta en la cocina, la botella de refresco o la caja de cervezas. Las uvas o cualquiera que sea el pequeño detalle que no está hecho. Todo el mundo se mantiene ocupado a lo largo de ese día. Pero hay una pequeña cosa que todos hacemos durante un  instante a lo largo de ese día. A mí en particular me encanta poder hacerlo en los últimos minutos del día, entro en mi habitación diez minutos antes de la doce, y mirando por la ventana, si es posible acompañado de alguna canción particular. Miro por la ventana e intento hacer inventario de mi año: Que he hecho, que he dejado de hacer, que objetivos he cumplido y cuáles no. Son esos diez minutos en los que todos pelan uvas o beben algo, van al baño o simplemente esperan frente al televisor…Diez minutos fundamentales, sin los que cada año no puedo pasar. Tras el inventario anual llega la segunda parte. ¿Qué esperamos del año que está por comenzar? Ya que todos tenemos derecho a soñar ¿no? Y por último la razón por la cual os estoy contando esto. Los propósitos para el año nuevo. Desde mi humilde punto de vista creo que todos los tópicos en cuanto a este tema son propósitos en balde. Pero algunas de las cosas que nos podemos proponer pueden ser totalmente ciertas. Y entre todos ellos uno en especial, que nos atañe a todos. Intentar sacar tiempo para reflexionar un poco a través de uno de mis métodos favoritos. Por aquí.
Mi objetivo no era una locura, solo quería escribir una entrada que mereciera la pena una vez al mes, doce entradas al cabo del año. Que merecieran la pena de verdad, porque no todos los días se puede macerar una buena entrada, de este tipo claro. Pero como casi todos los propósitos de año nuevo acabaron truncados. Primero la imposibilidad de conectarme a la red de redes y después la fatídica entrada en coma irreparable de mi nuevo ordenador me han dificultado sobre manera este propósito. Pero todos tenemos que aprender a levantarnos, de modo que intentaré arreglarlo supliendo todas las entradas que no he podido hacer hasta el momento y tras ello cuando mis capacidades “computacionales” estén al 100% intentaré publicar más. Así que una vez más ¡¡¡gracias por seguir pendientes y haber aguantado la larga espera!!!!
No son pocas las cosas que me han sucedido en los últimos días y reconozco que me moriría por poder hablar con alguien de todo, tranquilamente y de esa manera desahogarme como se merece y así intentar encontrar un punto de vista diferente, que como todo en la vida, cuando uno se obceca con algo solo consigue emponzoñar sus ideas. Pero por promesas baldías y mi sentido de la palabra y el honor, no puedo. De todas formas nada me impide sacar una hebra de la madeja que pensamientos que es mi cabeza ahora mismo y tirar de ella, para aclarar un poco e intentar desenredar un poco este nudo mental que tengo ahora mismo.
Nunca me he considerado, ni creo que llegue a hacerlo, un ejemplo a seguir, al igual que todos nuestros congéneres creo saber las cosas que se me dan bien y aquellas que se me dan mal. Y del mismo modo creo conocerme lo suficientemente bien como para saber cuáles son mis defectos, sin lugar a dudas, y mis posible virtudes. Y hasta hace unos días había una en especial de la que me sentía orgulloso, pero que ahora ya no sé en qué lado de la balanza ponerlo.
No sé decir con exactitud de donde he sacado la frase ni siquiera, si la he leído o se la he escuchado a alguien, pero sí que es cierto que más de una vez en mi vida he dicho “Quien evita la tentación evita el peligro”, siempre he creído, y aún lo sigo haciendo, que es más fácil sobrevivir a aquel peligro al que no te has enfrentado. No porque no sepas que no existe sino porque sabes evitarlo, eres consciente de que está ahí y que quizás no sepas como hacerle frente. Ante esta posición más de uno actuaría como yo, simplemente esquiva aquello que sabes que no serás capaz de vencer, pero algunos serán más valientes que yo, irán a por su enemigo y le plantarán cara, lucharán contra él y puede que a la primera no sean capaces de acabar con él. Pero al final serán capaces de salir airosos de una situación que cuando vuelva a plantearse y no pueda ser esquivada podrán triunfar. Y en ese momento yo tendré que vérmelas con el problema que si en otro momento hubiera afrontado ahora no será para mí un problema.
Visto así sé que puede resultar un poco lioso y que tal vez no haya encontrado la mejor manera de exponer mi problema. Pero, si ahora os digo que en vez de afrontarlo como un problema  lo afrontemos como un entretenimiento o una diversión, la historia cogerá otro color diferente y quizás más cercano a lo que me ha llevado a plantearme esta cuestión. Hay veces en las que se te plantean ciertos planes, ideas o posibles “aventuras” que te encantan, has practicado antes y sabes que te encanta. No debería haber ningún problema en subirte al carro y darte a ese plan. Pero ¿Qué pasa con las obligaciones? ¿Qué pasa cuando sabes que no deberías ir? Te conoces lo suficientemente bien para saber que si lo das todo, no podrás después cumplir con tus obligaciones. Y en el fondo te apetece mucho pero ¿Qué prevalece?
Es este el punto de la discordia, porque tus obligaciones siempre van a estar ahí pero la noche, el café, el cine o lo que sea, nunca volverá, y lo sabes… Sabes que aunque vayas otra noche con la misma gente al mismo sitio no se repetirán las mismas situaciones, para bien o para mal. Y ahora ¿Qué hacemos? ¿Enterramos al demonio en lo más profundo de nuestro ser y nos agarramos a nuestros deberes? ¿O simplemente buscamos momentos únicos, con gente única y ya habrá tiempo de cumplir con el mundo?
Queda claro que no es fácil adherirse a una u otra de estas teorías ya que siempre juega a favor de una u otra la circunstancia, el momento y todo lo demás y por encima de todo es cierto que no cuesta tanto agarrarse a una de las dos como a un clavo ardiendo y defenderla, pero ¿Os dejaríais zambullir en el mar a sabiendas de que tendrás que salir pronto para no acabar hundiéndote con todo el equipo?  ¿Solo un rato? ¿Sabrás decir hasta aquí?
Yo sé que no se decirlo, me conozco y sé con toda seguridad que si empiezo no se parar. Por ello siempre he dicho, cuando había que decirlo, NO. Pero ahora llega la razón por la que cuando tiro del hilo no sale de la madeja… Que es mejor, ¿decir que no desde el 1º momento a sabiendas de que cuando puedas lo darás todo, y ser totalmente inflexible O saber decir, hasta aquí? Porque el que sabe decir YA BASTA, ¡está en todas! En las que lo da todo y en las que lo llega  hasta donde pueda. ¿Debo sentirme orgulloso de mi férrea defensa de mi forma de pensar o empezar a aprender a cortar donde se debe cortar.
Reconozco que a primera vista puede parecer fácil para detractores y partidarios de ambas ideas el encontrar los argumentos que les den la razón. Pero de vez en cuando hasta el más fanático de su teoría ha pecado de la otra. Pero el que escribe ya no sabe dónde está la derecha y donde la izquierda.
Creo que el debate está servido, no me gusta dejar los temas sin atar, sabéis que suelo soltar la liebre y matarla yo mismo antes de perderla d vista. Pero hoy, aquí ahogado en un mar de tantas dudas, me veo en la necesidad de pedir consejo.  ¿Quién evitó la tentación evitó solo el peligro O perdió más de lo que ganó?

Advertisement

2 comentarios »

  1. Buenas. Ante nada, impecable su pensamiento. Vino a caer con un massive attack de fondo en un planteo integral de la existencia y su sentido (o sin sen…)

    Creo en mi humilde opinion que cuando uno detecta “el peligro” es una señal por demas interesante. Generalmente asociada al miedo y al quedarse inmovil.

    Mientras que por el contrario, enfrentar el peligro genera adrenalina y, en algunos enfrentamientos, un agradable placer o amor. (si consideramos a las feminas como un peligro, o una alta ola con tu tabla de surf)

    La pregunta que me dejo ahora sin responder, es: Qué es lo que te genera esa dopamina, esa sensacion de peligro, de enfrentar la adversidad y ver, tratar, de evolucionar ante lo mas grande y -potencialmente destructivo-, para uno? Y si lo que genera ello en nuestro organismo, es algo que no es de apreciacion positiva dentro de nuestra escala de valores. Cómo juzgar entonces? Como proceder..? Como ser:S?!

    Un saludo bien grande y gracias.
    Dom

    Comentario por Dom — 21 octubre 2010 @ 9:33 | Responder

    • Me alegra que la entrada te haya gustado, Dom. Ante todo intento hacer que la gente se plantee este tipo de cosas que a todos nos ocurren pero que solo a unos pocos nos da por pararnos a pensarlas….

      Creo que este tipo de sensaciones de autocomplacencia deribadas de la exposición al peligro nos las generamos nosotros mismos en aquellas situaciones en las que creemos estar luchando con una gran cantidad de posibilidades de fracaso y francamente pocas de exito. Y en las cuales pensamos que nuestro triunfo será expectacular, parecido al de un heroe de película. Porque a la hora de verdad por pequeña que sea nuestra autoestima para enfrentarnos a este tipo de situaciones queremos ganar y demsotrarnos SOLO a nosotros mismos que podemos.

      Pues a la hora de la verdad no hay mayor peligro que aquella persona que sabe lo que quiere y sabe que puede conseguirlo.

      Un abrazo y gracias por comentar!!!!

      Comentario por preptor — 21 octubre 2010 @ 14:23 | Responder


RSS feed para los comentarios de esta entrada. URI para TrackBack.

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Theme: Rubric. Blog de WordPress.com.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.